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Carlos Hernández Guerra

Carlos Hernández Guerra

Nació en el Callao, Estado Bolívar, en 1939.
Estudia en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas entre 1955 al 59, sus profesores fueron: Rafael Ramón González, Marcos Castillo, Pedro Angel González , Juan Martín Durbán, Juan Vicente Fabbiani y Alejandro Otero . Ese año 1959, obtiene el Premio Roma del XX Salón Oficial de arte venezolano. Luego viaja a París , donde cursa estudios en 1960 , en la Escuela Superior de Bellas Artes de París, a su vez toma un curso de sociología del arte en la Universidad La Sorbona con el prestigioso Pierre Francastel. En 1960 obtiene el premio Antonio Esteban Frías, Salón Oficial de Arte, Caracas y en 1961, 1er. Premio Salón Anual Pez Dorado, Caracas. A su regreso de París, en 1962 al 64, se incorpora al equipo docente de la Escuela de Artes Plásticas de Barcelona Armando Reverón. En 1963 participa en la muestra “ Tres Jóvenes premiados” , en la Sala Mendoza. Fue fundador junto a Manuel Espinoza del Centro Experimental de Arte (CEA), en la Universidad de los Andes (ULA), donde imparte cursos de dibujo , pintura y fundó la cátedra de tecnología de la pintura , en los años de 1964 al 68 . Estudia en 1968 en la Escuela de Bellas Artes del Estado de Berlín, en Alemania, con el profesor Hans Trier. En 1972 participa en la exhibición “Artistas Latinoamericanos”, realizada en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París. En 1973, Pasa a formar parte del personal docente de la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas y al mismo tiempo se desempeñó como profesor de dibujo en el Instituto Neumann. En 1977 , con Alirio Palacios , representó a Venezuela en la XIV Bienal de Sao Paulo. En 1980 obtiene el Premio Arturo Michelena , Salón Arturo Michelena, Valencia. Junto con los artistas Ana Mercedes Hoyos ,Galaor Carbonell y José Antonio Quintero en 1981, exponen en la Galería de Arte Nacional de Vzla :” El paisaje libérrimo ”. En 1984, representa a Venezuela, junto a Alirio Palacios en la 1ra. Bienal de la Habana, Casa de las Américas, Cuba, donde está representado en el Museo Wilfredo Lam. Su trayectoria como artista lo ha llevado a numerosas muestras colectivas locales y a diferentes países de Latinoamérica y Europa.

“Cuando lo cerros sean desvastados por la furia demoledora del progreso, cuando no queden ya bambúes ni plantas silvestres, ni pajonales, que desorganicen este paisaje, quedará la obra como testimonio de algo que fue una realidad y quizá la memoria de nuestro horizonte” Carlos Hernández Guerra

A lo largo de su carrera ha pasado por diferentes etapas. Entre los años 1961 al 68 su obra está caracterizada por la violencia del trazo sobre el lienzo, donde el color y las texturas juegan un papel importante, emplea el recurso del frottage, utiliza una pincelada más libre, nerviosa y ágil, como la serie negra basada en secuencias zoomórficas – murciélagos, calaveras -.

Del 1968 al 73 desarrolla su etapa de la figuración comprometida, matizada por las influencias del arte pop; realiza minuciosas figuras de realismo fotográfico, tomadas de la prensa, durante un período histórico imbuido en la violencia El artista logra combinar dentro de un mismo plano pictórico el mundo real, de una manera meticulosa con el trazo expresionista y abstracto.

En su tercera etapa es cuando se le revela el horizonte y lo maneja como símbolo abstracto; en sus paisajes dibuja en primer plano matorrales con trazos cargados de gestualidad, que conforman una realidad natural. Implementa una pincelada de trazo liso que contrasta con la línea nerviosa y el movimiento vertiginoso a nivel de primer plano, cuando representa matorrales, alambradas entre otros.

“Hernández Guerra, ni en su época informalista fue completamente abstracto, en el sentido de eliminar toda referencia de las cosas. Siempre hay algún tipo de conexión con éstas, que posibilita superar la fase puramente automática del gestualismo y su condicionamiento abstracto, desea síntesis de lo emocional y lo racional parte la evolución que en Hernández Guerra va de la pintura abstracta, basada en la pulsión motriz del gesto, a los amplios paisajes programados con que irrumpe en la década de los ochenta, y que podríamos definir como un neopaisajismo orgánico, para emplear un término que María Elena Ramos acuñó al hablar de la obra con que nuestro pintor participó en el envío a la Bienal de Sao Paulo”

En general, la pintura de H. Guerra apunta casi indefectiblemente hacia un modelo de composición donde se conjugan partes bien balanceadas y bien construidas, como nexo con lo real, y una zona erosionada en las que las líneas y colores alterados por la pulsión motriz producen una disrupción del orden

H.G. inició la temática paisajística incursionando en los valles de Aragua hacia finales de los 70. En el cual la línea del horizonte no sólo se convierte en eje de la composición respecto al punto de vista que el pintor y el espectador comparten, sino que también sirve de separación en un campo dinámico, en profundidad, que avanza en perspectiva, y un plano neutro que retiene la composición y la proyecta como pantalla hacia adelante. Asume una (poco reconocida) tarea de renovador del género e instala el escenario de sus cuadros en unos lugares apartados en medio de la inmensa llanura vegetal que se extiende al sur de Venezuela, parajes que permanecían sin explotar o cuyo tratamiento en la pintura carecía de antecedentes o de tradición entre nosotros. Los maestros del Círculo de Bellas Artes fueron los creadores de un estilo paisajístico prestigioso. Ellos y sus seguidores se concretaron a hacer del Valle de Caracas un registro tan exhaustivo…que se podría decir que se adueñaron de ella y agotaron sus temas.

Pocas veces, y sólo cuando pintaban la montaña desde las colinas del sur, emplearon la perspectiva de caballería. Las motivaciones de H.G. difieren a todas esos modos tradicionales de recrear el paisaje, pero también de tentativas más actuales y audaces que se efectuaron a lo largo de los años 70 para renovar el género.

Todo esto hace de éste un creador excéntrico respecto a la historia de nuestra pintura comprometida con la historia del paisaje. Su Formulación de un paisaje nuevo implicaba reformar el que había recibido de la tradición, H.G. trabaja a partir de imágenes que reproducen un aspecto de la naturaleza tan cuidadosamente transferido al cuadro que podemos identificar las características geográficas del lugar y hasta la región del mapa donde se localiza. Es el paisaje que ha de menester tramontar los escuetos espacios montañosos de la cordillera central

Paisaje especular en el cual el horizonte se une con el cielo por una frágil y moteada línea, y orientado justamente en dirección al punto de vista del espectador, coincidiendo como el del pintor, Pues no hay personajes, no hay vida humana, ni rastros de la presencia animal. Su método recuerda más al del fotógrafo profesional, porque su acercamiento al paisaje tiene más bien carácter de ritual.

Sin embargo, la foto para H.G. no es más que un elemento del proceso. Tampoco el cuadro reproduce fielmente la fotografía puesto que de lo se trata es de una reconstrucción del tema, en virtud de la cual la imagen resultante consiste en una suma reinventada de impresiones generales reportadas por la documentación. El cuadro en sí mismo es una realidad autónoma. La percepción súbita de la imagen de un tiempo congelado.

Un paisaje de cuya memoria, grabada en el cuadro, sólo puede hablar el paisaje mismo” Juan Calzadilla, “ del signo al paisajismo orgánico”.