Desde que se inició en el arte, Oswaldo Vigas piensa en abstracciones, no en imágenes propiamente dichas. Abstracciones que no buscan justificación estética fuera de sí mismas, pues simplemente están contenidas en su ser artístico y expresadas en entes visuales que atañen a conceptos plásticos e históricos propios de la suma de problemas explícitos que, razonados a la luz de la crítica formalista tan vapuleada en estos tiempos, concluyen acercando su trabajo a inéditos planteamientos expresivos y representativos de una escritura visual orgánica. De allí que esta obra no sea reducible a un simple esquema abstracto. Es mucho más compleja, ya que ha seguido el proceso lógico de la percepción instintiva junto al conocimiento de las reglas de la pintura y el contexto en el que el artista la desarrolla.