Valla Proyecciones (1)

Proyecciones

April 4 – June 21 Galería de Arte Ascaso.

Avenida Orinoco entre calles Mucuchíes y Monterrey. Las Mercedes.

Carlos Medina | CARACAS

Proyecciones

La obra de Carlos Medina puede leerse como un símil del camino que ha transitado la humanidad para entender su propia existencia y el lugar que ocupa dentro del complejo cosmos que habita. Desde muy temprano, su capacidad de observación y análisis del entorno, así como el reconocimiento de la naturaleza como una fuente primaria de experiencias, lo han conducido a indagar en las capacidades de los materiales para producir logos, ideas que, partiendo de cierto impulso corpóreo, hacen de esa fuente iniciática una extensión del pensamiento poético, mediado por el profundo conocimiento técnico que como artista ha cultivado para aprehender las propiedades físicas de los materiales y las técnicas para abordarlos.

En esta búsqueda, ha desarrollado singulares formas volumétricas y gráficas a partir de elementos claves, como las hojas de limón, las gotas de lluvia cayendo y ciertas partículas subatómicas de masa inaprensible a las que la ciencia denomina neutrinos, las cuales abstrae en formas y elementos geométricos para formar volúmenes que aprovechan la riqueza expresiva de los materiales, sus propios códigos plásticos y significantes. Paulatinamente, el artista ha ido privilegiando el espacio que esos volúmenes ocupan e intervienen por sobre la propia escultura, incorporando resoluciones cada vez más instalativas para las cuales los materiales, muchos de ellos de origen industrial, son seleccionados no por su nobleza sino por la plasticidad con la que hacen visible el propio espacio, lo que ocupa el interior de la materia y la geometría que subyace en ella, interesado como está en la posibilidad de hacer cada vez más virtuales esos volúmenes iniciales y disolverlos hasta un “grado cero” de su materialidad.

La transición es el resultado de casi cinco décadas de búsquedas, experimentando con las cualidades de la escultura hasta producir un universo de volúmenes extensísimo, materiales e intangibles, que son prolongaciones de su imaginación y trabajo. La contundencia de estos cuerpos geométricos hace que reverberan en nuestra memoria, activando esas imágenes primarias, arquetipales tal vez, que nos confrontan desde una conciencia poética y filosófica profunda con el mundo natural y el misterio alquímico que transforma la materia, haciendo maleable lo que debiera ser rígido, firme lo que parece usualmente líquido, e incorpóreo lo que antes fue concreto.

Este proceso responde a una de las grandes transformaciones de nuestro tiempo, y tiene que ver con el modo en que nos conectamos con lo que nos rodea y los modos en que ello ha ido mutando, aproximándonos cada vez más a la desmaterialización de la realidad física tangible en procura de la construcción de universos inmateriales, fundados en el espacio digital y las realidades alternas que de esto se derivan. En las series más recientes, Medina ha logrado no solo generar volumen en el vacío, espacios dentro del espacio, circulaciones, vectores, tramas y vibraciones fugaces que inquietan el ojo e incluso lo confunden con nuevas correspondencias entre la masa y su entorno; sino que, simultáneamente, ha fijado la atención en un recurso que agrega y subraya la inestabilidad de la materia, su posibilidad de ser y también su disolución.

Al incorporar la sombra como prolongación inaprensible de los volúmenes en el espacio, el objetivo ha sido llevar un paso más allá su interés en alivianar la materia de los cuerpos, convirtiéndolos ahora en leves presencias que se sostienen sobre la naturaleza ingrávida de la luz, multiplicando y ampliando los rastros corpóreos de la materia inicial que ahora se proyecta, multiplicada, en el espacio. Así, la escultura se ve despojada de cualquier rasgo o peso matérico, privilegiando la relación que su nueva presencia puede establecer entre el espectador y el espacio mismo, intermediado no ya por materiales sólidos sino por la construcción de volúmenes aparentes. Las posibilidades a partir de este punto parecen ser infinitas, pues el peso de la labor ya no descansa en la contundencia del hierro, la madera o cualquier otro material denso, sino en la proyección ampliada que ciertos cuerpos puedan ganar, abarcando el campo circundante gracias a uno o varios haces de luz estratégicamente dirigidos para sumergir al espectador en la experiencia de una realidad sensorialmente virtual, elevando la obra a un estadio por encima de la existencia puramente física.

 

Richard Aranguren

 


Salas

 

 

Fotos: Antolín Sánchez